sábado, 29 de julio de 2017

El placer de aprender idiomas





Quisiera comenzar a comentar esta discusión del Señor Steve Kaufmann, evocando un pensamiento de F. Nietzsche acerca del conocimiento de una lengua extranjera. Cuando decía que el verdadero placer pertenece a quien la conoce a medias y no a quien la domina. Algo muy válido para apoyar la reflexión de Steve acerca del miedo al error. Que en lo personal creo, es el origen de la gran tara cultural del sistema educativo tradicional.

El error es algo que nos acompaña en todas las actividades de nuestra vida. Es nuestro amigo íntimo porque convive con nosotros, y es el más fiel porque nunca nos abandona. Y a la larga es nuestro mejor aliado cuando se trata de aprender algo, porque el aprendizaje es un proceso dialéctico de ensayo y error. La perfección no existe, y menos al principio de un proceso. No en vano, el políglota italiano Luca Lampariello dice que "el aprendizaje de lenguas es el arte de la imperfección."

Comencé mi proceso de aprendizaje de idiomas cuando estaba en la universidad, matriculándome simultáneamente en cursos de Alemán, Francés, Italiano y Ruso. Sin embargo, el resultado fue el de siempre cuando uno está en el sistema educativo: al final de tres o cuatro semestres apenas puedes articular una pocas palabras cuando tratas de conversar en esa lengua. La razón: los agentes del sistema, en este caso, los profesores, metiéndote el miedo al error. 

El salto cualitativo lo di, cuando perdí el miedo al error y comencé a trabajar con él; o sea, a aprender de éste. De hecho, la mejor estrategia es equivocarse deliberadamente frente a un nativo, siempre y cuando tengas ya suficiente vocabulario para comunicarte. ¿Por qué? 

Generalmente tienes miedo de que te corrijan; o mejor, te da vergüenza. le temes al ridículo, a mostrar tus limitaciones y tu ignorancia. Te olvidas fácilmente que esa no es tu lengua materna, pero tu interlocutor lo sabe bien y te comprende. Sólo imagínate llegando como turista o mochilero a la ciudad de Ulán Bator, hablando en un Mongol de supervivencia, con las palabras amontonadas sin una sintaxis coherente.

 ¿Piensas que ese ciudadano al que le vas a hablar para preguntarle la hora, dónde queda el terminal de buses, dónde encontrar un Hostel a un precio cómodo, dónde comer con un par de dólares, se va a reir de ti, o como implacable profesorcito de idiomas te va a poner un horrible reprovado en tinta roja en su libreta de extranjeros tontos?

Recuerda esta famosa frase de Nelson Mandela:

"Si le hablas a alguien en una lengua que entienda le llegas a su mente; si le hablas en su lengua materna le llegas al corazón"

Ahora imagina su cara de sorpresa al escuchar a un colombiano hablando en un mongol rudimentario, imagina su cara de curiosidad, su sonrisa amable y su clara disposición a ayudarte a comunicarte en su lengua. Claro, hay casos de casos, lo peor que puede ocurrirte es encontrarte con un individuo de malas pulgas, un xenófobo o un  fascista. La verdad, sí vas a tener problemas; pero no porque no hables correctamente, sino porque su actitud de rechazo es un reflejo de su mentalidad. !Búscate otro interlocutor!






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